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Significación del 17 de octubre de 1945

 

1. Los días previos.

 

El 8 de octubre de 1945, día de su cumpleaños, Perón tuvo un enfrentamiento con el general Eduardo Avalos, jefe del cuartel de Campo de Mayo, y solicitó un pronunciamiento de los jefes militares reunidos en la Secretaría de Guerra. La votación le fue adversa por lo que renuncia a los cargos de Vicepresidente de la Nación, Secretario de Guerra y Secretario de Trabajo y pide su retiro del ejército.

El 12 de octubre, presionado por los mandos militares el presidente Edelmiro J. Farell ejecuta la detención de Perón, quien es conducido a la isla Martín García.

 

2. La víspera.

 

En la noche del 16 de octubre se reunió el Comité Confederal de la Confederación General del Trabajo y luego de un largo debate se decidió declarar una huelga para el 18 de octubre. El motivo del paro se expresó en una serie de puntos que incluía la libertad de los presos políticos, el llamado a elecciones, el mantenimiento de las conquistas obreras, etc. pero, significativamente, no mencionaban a Perón. La explicación sería que muchos dirigentes no estaban convencidos de apoyar a Perón, por lo que el sector favorable al paro debió hacer concesiones en el texto para alcanzar la mayoría (1 y 2).

Si bien la CGT no auspició la movilización que tendría lugar al día siguiente, la declaración de huelga sirvió como impulsor para que varios sindicatos y los trabajadores en general, que estaban en alerta desde días antes, se sintieran avalados para las acciones a emprender (3)

 

3. El 17 de octubre de 1945. 

 

En la madrugada del día 17 comenzó una movilización de los trabajadores de La Boca, Villa Crespo, Barracas, Patricios y otros barrios populares de la Capital Federal y de las zonas industriales de sus alrededores. Fueron numerosos los trabajadores que marcharon desde Berisso hacia la cercana ciudad de La Plata para luego dirigirse a la Capital Federal. Era una zona con importantes frigoríficos, en la cual desde los días previos estuvo muy activo a favor de la movilización el dirigente gremial Cipriano Reyes que en el sindicato de obreros de la carne conducía una línea interna opuesta a la conducción dominada por los comunistas. 

Los obreros no ingresaban a trabajar en las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos  incitando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos para luego marchar coreando consignas en favor de Perón por las calles principales hacia el centro de la Capital Federal. La acción estaba apenas coordinada por algunos dirigentes gremiales que habían estado agitando los días anteriores y la principal fuerza de impulso provenía de esas mismas columnas que mientras marchaban retroalimentaban el movimiento. 

Luego del paso de algunas columnas, la policía levantó los puentes sobre el Riachuelo que son el paso obligado hacia la Capital para quienes provenían de la zona sur (Avellaneda, Lanas, Quilmas, Berisso, etc.), entonces algunos manifestantes cruzaron a nado o en balsas hasta que, más tarde, los puentes fueron bajados.

La policía, claramente favorable a Perón, no obstaculizó la marcha e incluso algunos de sus integrantes intercambiaron expresiones de simpatía con los manifestantes, cuyas consignas nada tenían que ver con el reclamo de la CGT sino que expresaban su apoyo a Perón y la exigencia de su liberación.

El Presidente Edelmiro J. Farrell mantuvo una actitud prescindente. El nuevo Ministro de Guerra general Eduardo Avalos observaba a los manifestantes y se negó a movilizar las tropas del cuartel de Campo de Mayo que en unas horas podían llegar a la Capital Federal, como se lo pedían algunos jefes del ejército y el Ministro de Marina.

Avalos confiaba en que la manifestación se disolvería por sí sola pero al comprobar que, por el contrario, era cada vez  más numerosa, accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar. Tuvieron una corta reunión en la que pactaron las condiciones: Perón  hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención y obtendría que se retiraran y por otra parte el gabinete renunciaría en su totalidad y Avalos solicitaría su retiro.

A las 23:10 y ante una multitud calculada en 300.000 personas Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno. Agradeció su presencia, recordó su labor en el gobierno, informó sobre su pedido de retiro, prometió continuar defendiendo los intereses de los trabajadores y, finalmente, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz añadiendo que, por esta vez, les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente (4).

4. Consecuencias de los acontecimientos del 17 de octubre.

 

Con base en la carta que enviara a Eva Duarte desde Martín García, puede considerarse que en esos momentos Perón estaba decidido a retirarse de la política (5). La movilización del 17 de octubre tuvo dos efectos inmediatos: por una parte forzó a Perón a retornar ya a la lucha política y por la otra incidió en el Ejército volcando en su favor algunos jefes militares que antes se le habían opuesto y obligando al resto a pedir su retiro o tolerar su marcha hacia la Presidencia.

 

En cuanto a las consecuencias más duraderas, puede considerarse que las más relevantes fueron:

 

a) la incorporación de la clase obrera a la vida política del país con aspiración a ser reconocida como uno de los factores de poder;

b) el surgimiento de una nueva fuerza política en derredor de Perón, distinta de las existentes, que si bien tomaría de los partidos algunas prácticas clientelísticas, aplicaría nuevos enfoques, prácticas y liturgias que la distinguirían del resto y

c) el nacimiento de la antinomia peronismo-antiperonismo, que estaría presente durante años en el país.

 

5. Desde la oposición.

 

En los actos políticos los asistentes, incluidos los obreros, usaban saco y sombrero o gorra, como puede verse en las fotografías y películas de la época.

 

En la movilización del 17 primó en cambio un espíritu festivo más propio de las fiestas de Carnaval o de las celebraciones futboleras. Muchos manifestantes iban sin saco ni sombrero y algunos marchaban con bailes y contorsiones, enarbolaban sus camisas o mojaban los pies en las fuentes.

 

La oposición integrada por los partidos políticos que luego para las elecciones formarían la Unión Democrática no supo superar sus prejuicios, como si la magnitud de la manifestación hubiera ocasionado un trauma que derivó en un estado de negación. La ceguera política era tal que dos años después un diputado radical unionista aludió a los partidarios peronistas como el aluvión zoológico, expresión que quedó como un baldón para quien la pronunciara.

 

Los diarios "serios" se refirieron a los manifestantes en forma despectiva o, en el mejor de los casos, se abstuvieron de cualquier análisis que reconociera la trascendencia del suceso (6).

Desde la izquierda sólo destacaban lo exterior de la manifestación y se referían en forma despectiva  a los "murgueros", "lumpen", "elementos marginales", etc. y les negaban la condición de "verdaderos obreros".

 

Perón, con la capacidad política que sus opositores no mostraron, aprovechó en su beneficio el mote de "descamisados" endilgado a los manifestantes y en la campaña electoral comenzó a dirigirse a los "descamisados" y a incorporar a la liturgia peronista el quitarse el saco antes de hablarles (7). 

 

6. La elección de Perón.

 

Luego de un corto lapso de descanso y de casarse con Eva Duarte el 23 de octubre,  Perón comenzó su campaña política con el apoyo fundamental de los principales sindicatos y, desde el ámbito oficial, de la Secretaría de Trabajo cuyo titular, por pedido de Perón, era el coronel Domingo Mercante, su candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. El 24 de marzo de 1945 era elegido presidente de la nación en las elecciones más limpias que se habían celebrado hasta esa fecha.

 

7. La conmemoración del Día de la Lealtad (1946-1954).

 

La simbología política fue una preocupación constante en el peronismo para su aspiración de constituirse en único representante de la nación. Se ve así que adopta como escudo partidario un símil del escudo nacional (8) y que declara "como doctrina nacional adoptada por el pueblo argentino la doctrina justicialista o peronista doctrina nacional (9).

 

El 17 de octubre, que ya en 1946 era feriado nacional por la ley 12.868, pasó a ser el día en que el "pueblo peronista" o sea el único "pueblo argentino" se reunía en una fiesta. Como parte del ritual Perón incluía en su discurso la pregunta de si estaban conformes con su desempeño. La atronadora respuesta afirmativa alimentaba la identidad partidaria, servía de advertencia a los "contreras" (10) y   reafirmaba su condición de líder carismático que tenía una relación directa con ese pueblo, opacando así, en beneficio de Perón, el rol de los dirigentes sindicales y políticos.

 

8. Los años posteriores.

 

Luego del derrocamiento de Perón en 1955 y hasta su retorno en 1973, el Día de la Lealtad pasó a ser para sus partidarios el Día de la Resistencia Peronista. No se producían grandes movilizaciones pero daban ocasiones todos los años a actos evocativos de la unión del pueblo con Perón que, en muchos casos, eran también actos de hostigamiento al gobierno de turno.

Luego de la restauración democrática de 1983 la recordación está limitada, en general, a los dirigentes del llamado "peronismo histórico" y no incluyen manifestaciones masivas.

 

 

 

NOTAS:

 

1. Sobre el debate: Del Campo p. 313. La votación fue de 16 a 11 a favor del paro.

 

2. Antes de la difusión de las actas Luna adjudicaba una mayoría de 21 a 19: Torre, El 17 de octubre en perspectiva, p. 72 en nota.

 

3. Torre op. cit. p. 74. 

 

4.  Emilio De Ipola.

 

5. Así opinan tanto Luna en El 45 como  Torre en El 17 de octubre en perspectiva. Contra, Galasso, quien sostiene que el texto no refleja la real intención de Perón sino que estaba destinado a confundir a sus adversarios políticos. La carta está transcripta íntegramente en  Luna p. 337.

 

6. Plotkin  p. 188.

 

7. Plotkin p. 197.

 

8. Sobre el escudo peronista, Gambini, t. II p. 34.

 

9. Art. 3* de la ley 14.814.

 

10. Término que dentro del léxico de la época abarcaba a quienes se oponían al peronismo. En general, pero no siempre, tenía un sentido descalificante.

 

BIBLIOGRAFIA:

 

Emilio De Ipola: "Desde estos mismos balcones". Nota sobre el discurso de Perón del 17 de octubre de 1945. En Juan Carlos Torre (comp.): El 17 de octubre de 1945.

 

Hugo del Campo: Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vínculo perdurable. ISBN 987-1220-09-X, Buenos Aires, 2005, Siglo XXI editores Argentina.

 

Galasso, Norberto: El 17 de octubre de 1945, Buenos Aires, Sudamericana.

 

Hugo Gambini: Historia del peronismo. ISBN 950-49-0226-X, Buenos Aires, 1999, Editorial Planeta Argentina S.A.I.C.

 

Luna, Félix: El 45. ISBN 84-499-7474-7, 9* ed. Buenos Aires, 1981, Editorial Sudamericana.

 

Mariano Plotkin: Rituales políticos, imágenes y carisma: La celebración del 17 de octubre y el imaginario peronista 1945-1951. En Juan Carlos Torre (comp.): El 17 de octubre de 1945.

 

Reyes, Cipriano (1973), Yo hice el 17 de octubre, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1984.

 

Juan Carlos Torre: El 17 de octubre en perspectiva. En Juan Carlos Torre (comp.): El 17 de octubre de 1945.

 

Juan Carlos Torre (comp.): El 17 de octubre de 1945: ISBN 950-9122-34-3, Buenos Aires, 1995, Espasa Calpe Argentina S.A. / Ariel.

 

Juan Carlos Torre: La Argentina sin el peronismo. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiera fracasado el 17 de octubre? En Historia virtual ¿Qué hubiera pasado si? ISBN 84-306-0297-6, Madrid, 1998, Grupo Santillana de Ediciones.

 

 

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