Cuento de Dios
Después de mucho tiempo
sin verse Dios invita a Satanás para encontrarse y charlar. Como ocurre en
situaciones similares comienzan hablando de generalidades - el calentamiento
global en un planeta, el nuevo ser inteligente en otro, la nueva galaxia más
allá, etc.- mientras disimuladamente observan uno al otro los signos exteriores
del paso del tiempo: canas, calvicie, arrugas, temblores, etc. Luego Satanás
comienza a quejarse sobre lo difícil que se ha tornado su tarea. Las maldades
me requieren cada vez más ingenio, más sutileza, más técnica, dice. Lo que
nunca entendí, agrega, es porqué siendo todopoderoso no me aplastas de una vez
y eliminas el mal.
Lo
mismo pregunté a mi abuelo, responde su interlocutor (Si bien Dios es eterno,
sus encarnaciones se van sucediendo) y me dijo: “Hubo una época,
afortunadamente olvidada, en que uno de tus antepasados adoptó esa idea,
recluyó a Satanás en el infierno y dispuso que la bondad reinara por doquier
pero al cabo de un tiempo enfermó. Este hecho nunca antes acaecido produjo una
gran conmoción y su propia enfermedad le impedía a Dios conocer su causa.
Finalmente, cuando ya sus fuerzas
acababan, pudo llamar a su sucesor y le indicó: Sin maldades los hombres no
necesitan a Dios y terminan por olvidarlo. Con el poder absoluto no hay metas
por alcanzar ni dificultades para afrontar ni problemas para resolver. Por eso
aburre y enferma”.
Fue
así, concluyó Dios, que volvimos a la situación anterior. Sólo Satanás sostiene
a Dios.